martes, 15 de julio de 2008

Recomenzar



Sólo basta una palabra para deshacerlo todo y recomenzar, escribir nuevamente el camino de orgullo y sensaciones que construimos a diario, borrar con una mirada los errores o perdonar simplemente con la frente en alto, con el corazón abierto, para volver a empezar, dejar atrás toda huella sin sentido de rencores, sólo despertando con un beso es como puedo levantarme sin dudar, no necesito más que un minuto de ira para comprender que la molestia de alejarte se convierte en ingente peligro para mi alma, sólo basta una palabra, botemos el orgullo y comenzamos por amar a la antigua, con los ojos cerrados, no veo yo como tu me engañas y seré sumisa y obediente mujer del siglo pasado, aunque me destrozaras el corazón, sólo basta una palabras, tu deshaces nuestra vida y yo me encargo de tejerla de nuevo y recomenzar.

viernes, 11 de julio de 2008

Sobre pensar



¿Cómo puede el cerebro humano ahogarse entre las disyuntivas solo por amar?, a veces creo que es mentira que podemos razonar, más aun a veces pienso que sería mejor vivir sin cavilar. Pero es necesaria la angustia, como es necesario el dolor, sin angustia no podría diferenciar entre dicha o soledad, sin dolor no podría distinguir entre llorar sonrisas o lamentar aflicción. ¿Cómo puedo en un minuto tejer tantas dudas? he pasado de la seguridad de quererle con el alma y el corazón, de sentir cosquilleos constantes y absolutos, de reírme sin motivo más que tenerlo al frente a despreciar su modo arrogante de quererme, su egocentrismo, usurpando de los motivos de lo que siento. En instantes he saltado al vació y en el camino de muerte he vuelto a volar, en el error desangrante de querer marcharme he sanado las heridas para recomenzar, de un momento a otro he cedido mi dignidad y en otro minuto la he recuperado o me he dedicado a humillar, ahora el tiempo se encarga fielmente de hacerme pensar, cuando desea que construya la decisión perfecta entre seguir o abandonar. Ahora mismo es cuando pienso en que no debería pensar, cuando comienzo a pronunciar mi retirada oficial, es cuando la amnesia temporal se apodera con perfección de mi razón y me obliga a titubear, a olvidar la construcción de una frase coherente y con sentido y simplemente manipulada por el corazón, sin más pensamientos ni precauciones lanzó un ingente te amo al viento para vos.

martes, 8 de julio de 2008

No era necesario referirse en esos términos a ella, tu Magnolia sabias perfectamente que tu marido ya hace mucho que no te amaba como antes, solo basta con intentar recordar la ultima vez que hicieron otra cosa aparte de dormir juntos en una cama, que por lo demás, fue un intento fallido, esas curvas no son las de antes y a pesar de que a tus cuarenta años sigas deseosa de amarlo a él, Eduardo ya ha encontrado un amor puro que no tiene más expectativas a su lado que tan solo quererlo, Eduardo se ha vuelto desvergonzado, se ha convertido en un infiel lamentablemente enamorado, de esos que no se encuentran muy a menudo, él siempre ha sido un hombre seductor y así como lo fue contigo, lo ha sido con ella. Pero ella tiene veinte años menos, no es mínimo, ella le hace latir el corazón como tu nunca lo hiciste, ¿o es que ya no recuerdas que la primera vez que lo viste fue sobre ti en un cama? y luego en el altar, cuando en tu vientre se regocijaba una criatura. Magnolia, querida Magnolia, déjalo vivir, si esta vez se enamoro, pues contigo nunca lo hizo y solo se ato a la decencia, déjalo que se vaya, no vas a querer saborear la frescura de los labios de su amante, no vas a querer comparar tus arrugas con su piel de seda y su cuerpo de flor, Magnolia déjalo ir, volvió a los dieciséis y ahora es feliz. Tu mientras piensa cual fue el error y procura no insultarla, que eso de puta no le queda bien, y a él tampoco le sienta eso de maricón que estás pensando, simplemente se enamoraron y la que sobra ahora eres tú.

lunes, 7 de julio de 2008

Síndrome de Estocolmo




No recuerdo hace cuanto tiempo estoy aquí, al aire libre y respirando, sobreviviendo y con los ojos bien abiertos, pero encerrada, no entre cuatro paredes, sino que encerrada en un circulo de brazos con candados y una línea de miedo, no recuerdo muy bien el rostro de mi madre, hace más de diez años que vivo secuestrada y sin saber del mundo más que gira y gira cada vez más rápido, estoy segura que si viera su cara la recordaría en un instante, pero me he acostumbrado a mirar solo diariamente a mis captores, son cuatro hombres y una mujer que realmente no lo parece. Está Luis, alguna vez en el quise rescatar un símbolo de piedad, pero nació para esto, está entrenado para obedecer a esa mujer que también lo secuestro cuando tenía quizás la misma edad que yo, el problema es que el no lo recuerda y agita su adrenalina impidiéndome el paso a la vida y disfruta haciéndolo. Marcela, esa mujer, debe tener unos cuarenta años, pero su fuga constante de la ley ha hecho que los surcos de su cara se endurezcan y ha extinguido la mirada de madre que alguna vez intente ver en ella, los otros dos chicos, son sus hijos, hombres maduros, pero tan frágiles como el viento, algo sumisos, quizás por no tener un padre, aunque una vez escuche a Marcela decir que Cristóbal, el menor, probablemente es hijo de Luis. El otro hijo es Tomás, y no sé si será un amor contagioso o dos corazones que laten normalmente, pero me enamore de él, ya hace unos años y lo extraño es que el también está enamorado de mí, o al menos eso me dicen sus labios y sus ojos, pero por sobre todo sus manos y su cuerpo, que no duda en hacerme suya cada vez que le sonrió intencionalmente. La verdad es que de él quería hablar precisamente, anoche llegamos en avión a esta ciudad, no sé como se llama, pero a juzgar por el calor que hace debe ser un lugar de centroamérica. En el aeropuerto me quede mucho rato mirando unos libros, me llamo la atención un escritor; Pedro Lemembel, no lo conozco, pero me gustaría tener uno de sus libros, desde que vivo cautiva sólo me dedico a leer, pero Marcela tiene libros muy malos. Ella me regaño por mi retraso en la vitrina de la librería, pero Tomás se encargo de calmarla y con sus ojos complices me tomo de la mano y me llevo fuera del lugar, era una noche que casi tenía sabor a canela, un par de luces encendidas en la playa que se veía al horizonte me sugirieron que era bastante tarde, el abrazado a mi cintura dijo: -Es la primera vez que estamos libres, en la inmensidad de la noche, si suelto tu cintura puedes correr, hazlo tan rápido como puedas. Yo por mi parte escapare en la otra dirección-. Me quede pasmada, intentando encontrar sus ojos en la oscuridad infinita y advirtiendo que sus manos comenzaban a salir del encadenamiento que hizo a mi al rededor, quise besarlo, quise correr y gritar, todo en un segundo, pero ahí continuaba yo pasmada y con los hombros caídos, mientras Tomás ya había echado a correr y se perdía en un suspiro nocturno. De pronto una abofetada de ideas me despertó no muy sutilmente y sentí como se apretaba mi estómago, cuando asumía mi libertad e intentaba mover los pies del piso para correr, pero solo voltee mi cuerpo en la dirección de Tomás y grité: -¡Te amo!-tan fuerte como pude, pero el no se había alejado lo suficiente como para no escuchar el rumor de mis sentimientos y en el momento en que se posaba bajo un farol de luz amarillenta giró hacía mi, y esos 180º de dicha comenzaron a avanzar en un segundo, miré hacía la playa y alcance a distinguir la espuma blanca de las olas, mire el cielo y la luna se abría paso entre las nubes que estorbaban, la noche se volvía más clara y de un momento a otro mi cuerpo se derretía otra vez entre esos brazos que amarrados a mi cintura ahora además se agitaban cansados, atragantados de confusión e impulsados a confirmar que seguíamos cautivos, pero ahora presas de un beso ingente, victimas de un delito que no se paga, pero se vive. Quizás tomemos un avión y viajemos a Estocolmo, un libro me dijo una vez que ahí encontraría respuesta a este amor enfermizo.